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PANGRAZZI, Arnaldo
En mi dolor te invoco, Señor


PANGRAZZI, Arnaldo, En mi dolor te invoco, Señor, Sal Terrae, 2002.
La invitación que hacen estas páginas es a transformar nuestras vivencias difíciles y dolorosas en plegaria al Dios de la vida.
Por Humanizar
Las situaciones de dolor claman por una esperanza. Y la esperanza clama por una Presencia. Orar es disponibilidad a encontrarse con Dios en un diálogo hecho de palabras, de silencios, de esperas, de escucha...

Orar, antes que pedir favores o invocar milagros, es relatar a Dios la propia historia, dar voz al propio duelo y a nuestras esperanzas, y después ponerse a escuchar los mensajes del sufrimiento: cosas que el corazón no está acostumbrado a sentir.

La oración, más que un modo de cambiar a Dios, es el instrumento que Dios pone en nuestras manos para cambiarnos a nosotros mismos, transformando nuestras actitudes y las perspectivas que tenemos sobre la vida y las cosas.

La oración parte de la humildad que reconoce los propios límites; crece en la confianza en Alguien que está misericordiosamente presente en nuestras vicisitudes humanas; se traduce en abandono en las manos del Amor.
 
 
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