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CARTA DEL DIRECTOR |
| TÚ DECIDES |
| Texto: Jesús María Ruiz
Irigoyen / Director |
Se cuenta de Confucio, que dejó
a su mujer porque ésta le obligaba
a comer alimentos que a
él no le apetecían. Otros dicen
lo contrario, que fue ella la que abandonó
el hogar a fin de liberarse de las
prescripciones culinarias que su marido,
un artista de la vida, le proponía. Ambas
versiones pueden ser ciertas. Ya se sabe
que la tradición china no hace distinción
alguna entre cocina y farmacopea, entre
comida y medicamento. La experiencia
les ha llevado a admitir que lo que es
bueno para el cuerpo, es alimento y
medicina a la vez. Quizás por ello nos
han dejado preciosos proverbios sobre
el tema que nos ocupa. “La salud del
niño -reza uno de sus dichos- depende
del buen humor del ama de leche”, por
ese motivo los chinos seleccionan con
cuidado a las nodrizas.
En un libro de cocina china, que data del
año 1330, pueden leerse estas perlas:
“Un verdadero médico, ante todo, trata
de curar la enfermedad por la comida;
si falla ésta, puede prescribir remedios”.
Pero frente a la comida, el libro en
cuestión, recomienda la moderación en
la cantidad y la frugalidad en los gustos.
Aconseja, también, atemperar el deseo
cuando se está sentado en la mesa, así
como calmar la vista, el olfato y demás
sentidos para evitar todo abuso o exceso. En Occidente sabemos que controlar
el deseo, moderar el apetito y atemperar
la gana requiere mucho dominio de sí
mismo, y se consigue con un disciplinado
ejercicio de libertad interior. Por eso,
nuestro libro chino sobre la moderación
gastronómica, termina con una pregunta
en la que se asocian comida, salud y
libertad. ¿Cómo no va a haber salud en
una persona que no cansa su cuerpo con
abusos y, además, controla libremente
los excesos en el comer y en el beber?
La libertad y la salud también se asemejan. Por de pronto, en que su verdadero
valor se nos revela cuando nos faltan. La libertad, su buen uso es, por otra parte,
una condición necesaria para la buena
salud. En la vida se ha de apelar muchas
veces a la libertad para mantener la
salud. Quien no es libre frente a una
comida o una bebida, quien no se siente
autónomo frente a un medicamento o
una droga, puede caer fácilmente en la
adición. Y las adiciones no sólo no nos
hacen libres, nos quitan cotas de libertad
y, de paso, pueden mermar la salud. Las
recientes fechas de la pasada Navidad y
principios de Año avalan cuanto acabo
de decir. En esos días todos los años
aumenta el consumo de medicamentos
para reparar las funciones del hígado,
para aliviar la acidez del estómago o
para eliminar los dolores de cabeza;
males, todos, provocados por exceso en
el comer y en el beber. La salud corporal,
la salud mental, en una palabra, la salud
total, es decir, la plenamente humana, no
lo es tal sin libertad, sin ese sentimiento
interior de poder prescindir de tantas
cosas… |
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