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Ficha de la Revista
El mundo dentro de 20 años
Número: 168
Fecha: Enero-Febrero 2020
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ÉTICA GLOBAL, con FRANCESC TORRALBA
La incertidumbre del futuro
Diagnosticar los rasgos de la sociedad actual no es una tarea fácil. Todavía más complejo es imaginar el mundo que viene. A esta labor se dedican los sociólogos y los filósofos de la cultura.


Por Francesc Torralba, bioeticista
Un diagnóstico se asemeja a un mapa conceptual, se parece a un sistema de orientación, a una brújula mental que permite al ciudadano común aclarar dónde está, qué papel juega en el cuerpo social y cuáles son los elementos tangibles e intangibles que definen su circunstancia. La realidad siempre es más compleja y rica que su representación conceptual. Ningún mapa teórico, por riguroso que sea, contiene la totalidad de lo real, la complejidad inherente al mundo de la vida, para decirlo con la bella expresión de Edmund Husserl, pero todavía es más ardua la tarea de diagnosticar cuando el objeto de estudio se volatiliza aceleradamente. Conceptualizar es coger, agarrar, poseer, de algún modo, el objeto de conocimiento. Sin embargo, lo característico de una sociedad gaseosa es, precisamente, su intangibilidad e inestabilidad.


La época que viene
Diagnosticar la época que viene constituye una empresa muy ardua, porque el presente siempre se escurre entre los dedos, pero sólo si comprendemos la circunstancia, podremos entender al ciudadano común, sus inquietudes, sus movimientos y sus expectativas. El presente es inefable, como el individuo, pero describir el futuro y articular una prospectiva con ciertas garantías de solvencia intelectual todavía es más difícil dada la volatilidad de los sistemas, de las instituciones y de todo el cuerpo social en general.  Cuando uno empieza a elaborar el diagnóstico, se encuentra con un paisaje, con unos personajes y con unas instituciones; se halla con un elenco de intangibles, como creencias, valores e ideales, pero cuando ha terminado la descripción, se encuentra que todo ha mutado. Los paisajes han sido barridos, los personajes se han metamorfoseado y las instituciones han cambiado de logo y de funciones; también lo intangible se ha volatilizado. Esos valores que parecían sólidos y estables, se han desmenuzado en miles de partículas diminutas que pululan por el espacio vacío y aquel sistema de creencias que parecía tan sólido se ha descompuesto en migajas que flotan en el aire. Lo mismo ocurre con los ideales, con las convicciones y con las certidumbres políticas, sociales, culturales y religiosas. Todo se desmenuza con tanta velocidad que resulta imposible definir lo que hay, pero mucho más aventurado es desarrollar una mínima prospectiva de lo que va a acaecer.


Necesitamos orientarnos
Y, sin embargo, necesitamos mapas, cartografías culturales, planos para orientarnos, para saber dónde estamos, a dónde vamos, qué es lo que está pasando, porque sólo si se conoce mínimamente el escenario, se puede determinar uno a sí mismo y comprender su lugar en el mundo y su rol en la sociedad. Éste es el fin que nos mueve: diagnosticar el humus cultural y social de nuestro tiempo, a sabiendas de su volatilidad.     Lo que caracteriza de un modo nítidamente claro nuestra época es la incertidumbre. La incertidumbre se ha convertido en una de las nociones más utilizadas para describir la nube en la que estamos instalados desde hace años. Todo se ha vuelto incierto: la lógica de los mercados, los cambios políticos, las tendencias de consumo, las modas musicales, el precio de la gasolina, el coste de la hipoteca, las relaciones interpersonales o los vínculos laborales.


No saber a qué atenerse
Este no saber a qué atenerse genera desasosiego en todos los órdenes de la vida, especialmente en el laboral y en el afectivo, pero también en el social y en el político. Muchos jóvenes viven instalados en este marco de incertidumbre desde que han nacido. Han crecido en él y quizás por ello, lo toleran con más comodidad que los adultos y los ancianos. No tienen la menor idea de cuánto tiempo trabajarán en la misma empresa, eso en el caso que tengan la suerte de poder trabajar. Tampoco no tienen la menor idea de la longevidad de sus relaciones afectivas. No puede anticipar el momento de emanciparse, porque el futuro es muy imprevisible. En este clima de provisionalidad y de precariedad desarrollan sus vidas con cierta actitud de resignación. Instalados en el presente, proyectan, con suma cautela, planes de futuro y crean sus propios mecanismos de defensa frente a la incertidumbre.Tratan de gozar del presente y evadirse de una realidad laboral que, en términos generales, les explota y no reconoce su talento. 


Vivimos en una época sin precedentes.
Un cambio rápido y multidimensional está poniendo en evidencia la obsolescencia de nuestra visión del mundo heredada de la era industrial. Los fundamentos básicos de cómo entendíamos el mundo hasta ahora están bajo el signo de lo provisional y esta ansiedad nos conduce hacia un contexto de tipo VUCA, un acrónimo utilizado en el vocabulario militar norteamericano para describir o reflexionar sobre la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad de un paisaje multilateral  y global.


Escenarios y decisiones
Estos nuevos escenarios desafían nuestra capacidad de dar forma a una mejor toma de decisiones en el plano vital. La mayoría de los problemas de este entorno VUCA están interrelacionados, son interdependientes, dinámicos y adaptativos en el tiempo. El ciudadano se encuentra escindido entre un universo de creencias, forjado durante los últimos siglos y su inutilidad por un lado y, por otro, el deber de afrontar nuevos desafíos que plantea el escenario.    


Es difícil vivir en contextos de incertidumbre, tomar decisiones, realizar opciones fundamentales. Cuando nada es cierto, cuando todo depende de una correlación de factores que están vinculados por una secuencia de causas y efectos imposibles de aclarar a priori, uno tiende a repetir protocolos, a no salir de la zona de confort, a reiterar gestos conocidos y evita emprender proyectos, pues la posibilidad de naufragar es mucho más clara que la de triunfar.   La incertidumbre genera desazón, angustia vital y temor a lo desconocido. En tales circunstancias, es clave enfrentarse al presente con audacia y ductilidad. La audacia no es la temeridad; es la virtud que nos dispone a realizar grandes acciones, a pesar de no dominar todos los elementos de referencia. Para actuar en contextos de incertidumbre, se requiere confianza en uno mismo, pero, además, tolerancia a la frustración. El futuro, ahora y siempre, se caracteriza por la incertidumbre. No existe certeza de lo que pasará ni a uno mismo, ni a nadie, pero, aun así, proyectamos, elaboramos planificaciones racionales, agendamos actos y compromisos con la esperanza de estar presentes. La prospectiva tiene, precisamente, este fin. Sin embargo, en la sociedad gaseosa, ni siquiera el futuro inmediato se presenta bajo el signo de la seguridad. Creemos vivir en un sistema seguro, en una sociedad controlada y vigilada, pero la realidad es tozuda y nos revela, por activa y por pasiva, la fragilidad de nuestros planes, la volatilidad de nuestras vidas. Sea por causa de la amenaza del terrorismo islamista globalizado, sea por la crisis ecológica planetaria que estamos sufriendo, se ha impuesto la era del miedo, fruto, justamente, de esta incertidumbre cotidiana que se ha metido entre la piel y los huesos del ciudadano.    


La incertidumbre no es, de ningún modo, el mejor hábitat para el crecimiento y para el desarrollo integral de un ser humano.
Todo ser humano, para poder vivir pacíficamente, necesita de estabilidad emocional, social y económica, máxime si se halla en la etapa de la infancia o de la adolescencia. Requiere, sobre todo, de seguridad física y de una comunidad afectiva y emocional que realmente le quiera; necesita rutinas, protocolos y rituales que, al repetirse periódicamente, le den seguridad y le permitan anticipar lo que vendrá. La incertidumbre quiebra el orden y, sin la sensación de orden, desaparece la paz interior. No en vano, san Agustín define la paz como la tranquilidad que deriva del orden (pax est tranquillitas in ordinis).

Video homenaje: "20 años de Humanizar"

El Centro de Humanización de la Salud de los Religiosos Camilos (www.camilos.es) realiza acciones formativas, investiga y asesora en los ámbitos de la salud, la enfermedad, la intervención social y sociosanitaria, la dependencia y el final de la vida.
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