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Duelo, Centro de Humanización de la Salud, Centro de escucha, Counselling

Cómo no meter la pata si das el pésame

José Carlos Bermejo explica en ABC.es claves sobre lo que debes, y no hacer, con los allegados de la persona que acaba de fallecer

16.08.2019 a las 00:00
Por:  Centro de Humanización de la Salud

Cada duelo es personal y distinto, por lo que no se debe juzgar la forma en que los allegados sienten o expresan su dolor. (Fotografía, Listín Diario)

Desde HUMANIZAR reproducimos una noticia de ABC.es donde José Carlos Bermejo, Director del Centro de Humanización de la Salud, explica unas claves sobre lo que debes, y no hacer, con los allegados de la persona que acaba de fallecer.

Una información de ABC.es, por Laura Peraita.

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La noticia del fallecimiento de alguien conocido siempre genera mucho dolor y tristeza. A día de hoy, la muerte sigue siendo un asunto del que se habla poco, del que se huye, y al que muchas personas no saben enfrentarse cuando les toca «de cerca». La gestión del duelo es muy íntima y depende en gran medida del caracter, la edad y el momento emocional que esté atravesando la persona afectada para que lo supere antes o después.

Acudir a un hospital, al tanatorio o al cementerio a dar el último adiós al fallecido y acompañar en esos duros momentos y dar consuelo a las personas allegadas al difunto no es tarea fácil. En muchas ocasiones no se sabe qué decir por considerar que cualquier palabra o gesto es «insuficiente» ante tanto dolor de los familiares. También surge el miedo a decir algo inapropiado o a hacer el ridículo.

José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud, explica qué es lo que no hay que hacer para que el acompañamiento en el dolor de los demás sea el adecuado:

—Los tópico «suenan» a mensajes vacíos, por lo que es mejor no decir frases hechas. A nadie le sirven de consuelo.

—¿Qué le digo entonces?
Como decía un filósofo «tenemos dos orejas y una boca», por lo que es mucho más recomendable escuchar el doble de lo que hablamos. En esta ocasión, que la persona que más sufre la pérdida se pueda sentir escuchado puede suponer el mayor de los apoyos. Hay que dejarle hablar y que se desahoge, que saque todo lo que piensa y se sienta acompañado.

—Huir de ofrecer consejos. Lo mejor es hablar del fallecido, al hacerlo estamos dandado un poco de sentido a lo sucedido porque muchas veces no lo encontramos. Fomentar que el ser querido cuente cómo era su hijo fallecido, de qué manera vivió, murió... Eso ayuda en forma de terapia a descargar emociones.

—Las palabras pasan a un segundo plano si no se sabe qué decir. R
esulta mucho más reconfortante dar un fuerte abrazo. Debe ser un abrazo sincero, aquel del que se sale con el hombro empapado por sus lágrimas y que demuestra que ha emocionado a la persona que sufre.

—Jamás soltar frases del tipo: «si ya tenía muchos años, es mejor así». Eso es muy doloroso para el familiar cercano. La edad no es excusa para sentir más o menos dolor. Es para responderle «pues que te pase a ti y verás si es mejor también».

—También es muy aconsejable preocuparse por las personas que han sufrido la pérdida pasado un tiempo y preguntarle cuestiones que parecen poco importantes, pero que sí que lo son: ¿Has comido?, ¿has dormido bien?, ¿te queda leche o fruta en la nevera?, ¿te apetece dar una vuelta?, ¿quieres que tomemos un caldito?... Para que no se sienta abandonada. Es importante hacerse sentir próximo y descubrir sabe si se está descuidando o no por la pérdida del ser querido.

—No decir «ya verás como el tiempo lo cura todo». En esos momentos, este tipo de frases carecen de sentido. Se sufre el presente.

—Recordar al difunto siempre es consuelo porque da a entender a los seres queridos que sigue siendo importante, que no se le ha olvidado.

—Cada duelo es personal y distinto por lo que no se debe juzgar la forma en que los allegados sienten o expresan su dolor. Hay personas que no dejan de llorar; otras a las que no les cae ni una lágrima... cada persona sufre de forma diferente.

—No comparar. Si se va a ver a una persona que, por ejemplo, ha perdido a su abuelo, no decirle «peor fue cuando murió mi hermano». Cada pérdida es dolorosa en sí misma.

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