ENTREVISTA A XIMO GARCÍA ROCA,
Sacerdote, profesor, doctor en Teología y Filosofía Social
"El voluntariado es una escuela de
los ojos y de los oídos abiertos"
Por Diana Sánchez
Ximo García Roca "predica con el ejemplo". Como buen sacerdote, doctor en
Teología y en Filosofía Social y profesor entre otras ocupaciones, siembra y riega por
toda la geografía española y latinoamericana la semilla del voluntariado, que él llama
"mesianismo descalzo". Veamos cómo.
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| García Roca, con estudiantes de Nicaragua, República Dominicana, México y Cuba en un descanso de la Asamblea de
Introducción del Programa de Liderazgo Comunitario. |
P.- Su andadura profesional y personal
ha estado marcada por
conceptos como el compromiso,
la capacidad de dar, la disponibilidad
o la responsabilidad. Un voluntariado
de 24 horas. ¿Cómo germinó esta
semilla?
R.- Mi orientación al compromiso social
se cultivó en un clima familiar que actuó de
pedagogo de mis sentimientos. El resto lo
puso el contacto directo con la inmediatez
del sufrimiento innecesario causado a los
más débiles e indefensos; en un primer
momento, fui compartiendo el pan y la
palabra, el vino y la salud con hijos del
desamor que vivían en "lugares de sombra
eterna", como llamaba Antonio Machado
al orfanato de Burgos. Posteriormente, mi
compromiso se orientó hacia el despliegue
de capacidades en el interior de un barrio
marginal junto con jóvenes universitarios.
Pronto me llegaron los gemidos del Sur, y
desde entonces comparto mi tiempo con
los países de Centroamérica en un voluntariado
explorativo en sus comunidades y de
presencia pública en sus universidades. Esa
sinergia entre el acompañamiento personal,
el desarrollo de capacidades colectivas en
zonas fronterizas y la presencia pública
a favor de la justicia ha ido fraguando un
compromiso que no es del todo mío.
P.- ¿Cómo lleva a cabo actualmente
su preocupación por los vulnerables y
excluidos?
R.- Un punto ciego en los actuales procesos
migratorios, que origina sufrimientos
personales y colectivos, es el debilitamiento
de los liderazgos comunitarios, que se
produce cuando jóvenes con gran coraje y
creatividad, emprendedores y arriesgados,
se desplazan de sus países. Se produce
una especie de drenaje que impide el
desarrollo de sus comunidades, crecen las
desigualdades y dificulta la trasformación
de sus países. Nos encontramos ante un
nuevo pillaje al Sur, que comportará grandes
derivas sociales, culturales y políticas.
A pequeña escala intentamos revertir este
proceso de empobrecimiento y favorecer
los vínculos de las personas emigrantes
con sus comunidades de origen y el empoderamiento
de sus jóvenes.
P.- En los temas que trata en sus clases
y en sus publicaciones (cooperación
al desarrollo, educación, inmigración e
interculturalidad, sociología de la cultura y de la religión, voluntariado) intuimos un
nexo que los une a todos: el amor.
R.- Entiendo que el amor es una llama
que construye comunidad, origina formas
humanas de cuidarse mutuamente, activa
estructuras de corresponsabilidad basadas en
el servicio y en la donación. Y aquí reside la
llamada "diferencia cristiana", que se expresa
sobre todo en la atención a los empobrecidos,
a la vez sacramentos de Dios y signos de su
fracaso. Este amor se despliega en objetivos de
vida. Cuando los grandes pisotean a los débiles,
objetivos de vida son su defensa; cuando
el desmoronamiento de la salud nos golpea,
un objetivo de vida es acompañar la fragilidad;
cuando niños y niñas malviven en las calles,
un objetivo de vida es romper el destino de su
exclusión; cuando se impide el reagrupamiento
familiar, el amor nos lleva a protestar contra la
ley. De este modo, el amor es un antídoto contra
la decepción y la impotencia, ya que impide
nadar en la superficie de las cosas.
El amor es un
antídoto contra
la decepción y la
impotencia |
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P.- ¿Por qué entiende al voluntariado cristiano
como un "mesianismo descalzo"?
R.- El voluntariado pertenece a la tradición
de la lanzadera de David, que con una honda
y una piedra desestabilizó a Goliat. En su
interior bullen dos almas: la utopía necesaria
y la pequeñez inevitable. En cuanto mesianismo,
propone alternativas a lo existente
mediante la participación en los procesos
de trasformación, pero siempre con medios
sencillos e insignificantes. Todo lo grande
empieza en lo pequeño. Mira a la vez al
horizonte que marca el futuro y al reloj que
indica la densidad del camino. Sabe que la
paz se construye haciendo las paces; que
el cambio radical avanza a través de pasos
discretos, que la visita
al enfermo anuncia un
mundo sano.
P.- ¿Cómo podemos
practicarlo en la
actual sociedad de la
"satisfacción inmediata"?
R.- La sociedad satisfecha
se construye
sobre la clausura de la
mirada y del oído. Para
sentirse satisfechos hay
que dejar de mirar las
vidas desahuciadas y
de oír los gemidos que
vienen de las cunetas
de la vida. Junto a esta
ceguera, las personas
satisfechas canalizan
todas sus energías al
mantenimiento de lo
que poseen de espaldas al prójimo y a las
generaciones venideras. En el interior de la
sociedad de la satisfacción, el voluntariado
es una escuela de los ojos y de los oídos
abiertos. En el inicio del compromiso voluntario
hay siempre un "Mira y verás", un "Oye y
déjate hablar".
P.- Docente en El Salvador, Argentina,
México..., ¿hablamos de diferentes voluntariados
con respecto a España?
R.- El voluntariado nació en los países desarrollados
como una conquista del tiempo libre,
un "plus" en la sociedad asalariada. Hay un
tiempo para el trabajo y otro para el descanso,
un tiempo para la familia y un tiempo liberado
que se ofrece
a los demás. Es
pues un fenómeno
sectorial. En
los países del Sur
el voluntariado es
un hecho total,
que se despliega
en creatividad
comunitaria, en
iniciativa colectiva,
en estado de
emergencia. Para
nosotros, el voluntariado
es una
actividad; para
aquellos países la
colaboración es
más un modo de
ser y de existir.
P.- Si el voluntariado
fuera un producto, ¿cómo se lo
"vendería" a los jóvenes? ¿Qué beneficios
les va a aportar?
R.- Los jóvenes viven hoy intensamente
tres experiencias básicas: la cultura de la
ciudadanía, por la cual no sólo tienen problemas
sino también soluciones; la cultura
de la solidaridad, por la cual se amplia el
círculo para que todos puedan sentarse a
la mesa, y la cultura de la felicidad centrada
en la realización personal. Estas son las
tres brújulas que seducen a los jóvenes.
"Eres libre como ciudadano, mereces ser
feliz como humano y llegarás a ser solidario
como hermano", son los tres mensajes básicos
del voluntariado juvenil.
P.- Imagine que le dieran carta blanca
para llevar a cabo ahora mismo un
proyecto de cooperación humana. ¿Cuál
sería?
R.- Me empeñaría en mostrar que en el dar
y recibir se encuentra la matriz de la acción
solidaria. Cuando la persona voluntaria se
deja afectar por la situación del otro, entonces
se abren posibilidades inéditas para ambos.
Lo saben bien quienes se acercan al hospital
y reciben más de lo que dan. Lo saben bien
los jóvenes, que hacen la inmersión en un
barrio marginal y se convierten en simples
aprendices. Lo experimentan los voluntarios
que acompañan a los recién llegados y en el
encuentro nace la realidad que humaniza a
unos y otros. Como decía el obispo Helder
Cámara, "nadie es tan pobre que no pueda
dar algo, ni tan rico que no pueda recibir
algo". |
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