JOAN VIÑAS SALAS, Rector de
la Universidad de Lleida y
catedrático de cirugía
"Es un privilegio
poder ayudar
a personas
con grandes
necesidades"
Por Diana Sánchez Simón
Rector de la Universidad de Lleida, Catedrático de cirugía, padre de familia,
investigador y profesor, Joan Viñas explica a Humanizar sus experiencias como
profesional y voluntario sanitario cristiano y nos desvela a su referente: Jesús.
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| Joan Viñas, pasando visita en Mozambique, con sanitarios “entregados a su trabajo sin los
medios más elementales, pero sin perder la dignidad”. |
P.- ¿Cómo se organiza una
agenda de este tipo
para, nunca mejor
dicho, "operar" bien?
R.- La vida de cualquier médico y profesor
universitario es muy compleja y siempre falta
tiempo para llevar a cabo todas las actividades,
añadiendo las de gestión a las que usted enumera.
Me organizo procurando cumplir lo mejor
posible con todas las actividades, con actitud
de servicio, sin perder el tiempo, priorizando en
cada momento lo más importante y haciendo
"compartimentos estancos", de manera que
cuando estás en el quirófano sólo existe el
enfermo que operas, igual cuando lo visitas en
la planta o consulta externa. Cuando das clase
o atiendes a los alumnos, éstos son lo más
importante de aquel momento. Cuando estás
en casa, la familia es lo más importante. Y así
también con las actividades de voluntariado y de
pastoral de la salud. Lo malo es, repito, la falta
de tiempo para aumentar la dedicación a cada
uno de estos aspectos, que exigen mucho más.
Entonces surge el equilibrio y la priorización
hacia una misión clara en la vida que conecta
y da sentido a todo lo que hago. Trato de intuir,
descubrir lo que Jesús haría si estuviera en
mi piel en aquel momento concreto, y luego
hacerlo. Fallo mucho, sacrificando sobre todo la
familia; ha sido mi esposa la que más tiempo ha
dedicado a nuestros cuatro hijos y dedica ahora
a nuestros tres nietos.
P.- Usted y su esposa, Ana Jiménez,
dedican frecuentemente sus vacaciones al
voluntariado en diversos países. ¿Por qué lo
hacen? ¿Cuál ha sido su último viaje?
R.- Los habitantes del primer mundo vivimos
demasiado bien, con demasiados lujos, lo que
llamamos calidad de vida, pero en realidad es
comodidad de vida, no calidad. Sabemos, en el
mundo de hoy globalizado e interconectado, que
la mayoría de nuestros hermanos son pobres
y miles de ellos mueren diariamente de hambre,
sed, etc., mientras a nosotros nos sobran
medios, comparativamente hablando. Esto no es
coherente, no lo podemos integrar en nuestras
vidas sin esquizofrenia.
Por ello mi esposa y yo queremos, al
menos, aportar nuestro grano de arena, que no
sea sólo dar dinero del que nos sobra -cosa que
está muy bien y cuanto más se dé mejor- , sino
darnos a nosotros mismos un breve periodo de
tiempo. Lo soñábamos desde jóvenes, pero la
llegada de los hijos hizo que priorizáramos su
educación. Cuando han sido mayores y providencialmente
se nos dio la oportunidad, la aprovechamos.
Lo iniciamos en el 2001 y la última
vez que fuimos a Mozambique fue en verano del
2008. Ana ya hace tres años que dejó la gestión
de enfermería y se pasó a enfermera de base
de la unidad de cuidados paliativos, tratando con
los enfermos en los estados finales de su vida, y
este agosto del 2009 no pudo escoger vacaciones,
por lo que nos quedamos sin poder ir.
P.- Recordamos su experiencia de trabajo
en el Hospital de Quelimane, Mozambique,
en julio de 2001. Una vivencia dolorosa y
amorosa protagonizada por sus habitantes,
los misioneros como el Dr. Marchesini,
los difíciles dirigentes, y unos sanitarios
"entregados a su trabajo sin los medios más
elementales, pero sin perder la dignidad".
¿Qué les enseñó a Ana y a usted aquel
voluntariado?
R.- Cuando haces cualquier voluntariado,
es decir, actividad gratuita hacia los demás,
sin esperar nada a cambio, entonces es más
lo que recibes que lo que das (al contrario de
si haces algo en espera de compensación,
que si no es la esperada, te frustra). En África,
la gratificación que recibes se multiplican pues es un privilegio poder convivir y ayudar,
aunque sea muy poco y a muy pocos, a personas
con grandes necesidades. Además de
conocerles y tratarles, aprendemos de ellos su
paciencia, bondad, capacidad de sacrificio, de
aguantar en la miseria y sobrevivir, de aceptar
la muerte como algo natural, aunque con gran
sufrimiento, etc. Podemos también conocer
a otras personas que hacen voluntariado y a
verdaderos santos, como el Dr. Marchesini,
jefe de Servicio de Cirugía, muchos años
director médico del hospital público de referencia
de 2,5 millones de habitantes, sacerdote
misionero deoniano, gran cirujano que opera
solucionando los más difíciles problemas con
gran escasez de medios, que no tiene horario,
que ayuda económicamente a los pacientes,
les visita, les opera, les da la medicación y a
muchos les paga el viaje de retorno a casa.
El Dr. Marchesini hace pocos años cogió el
sida operando a pacientes VIH+, que son los
que operamos allí, pues más del 20% de la
población padece sida.
Cuando vuelves, aprendes a ser más tolerante
con lo que nos falta aquí, más sensibilizado
con ayudar a los que sufren, con
especial predilección por los más necesitados, y
a entender, respetar y ayudar a las personas de
otras culturas y religiones y de otras maneras de
pensar y actuar.
P.- ¿Qué ha cambiado en el voluntariado
de hace diez años ahora?
R.- Es difícil decirlo. Antes y ahora hay
muchas personas voluntarias. Quizás la modernidad
lleva a un ritmo vertiginoso que hace que
las cosas sean más cambiantes, menos duraderas.
Existe el peligro de que los compromisos
de los voluntarios sean menos duraderos. Se
valora más la sensibilidad y la comodidad, y por
lo tanto es más fácil romper un compromiso de
voluntariado cuando "ya no me dice nada", por
lo que la rotación de voluntarios es mayor. Por
el contrario, la sensibilidad de la juventud contra
las injusticias sigue siendo muy alta y hoy hay
más medios tecnológicos para comunicarse y
poder ayudar. Antes no había internet ni móvil;
ir a África era estar incomunicado con la familia
casi todo el tiempo. Ahora es más fácil comunicarse.
P.- ¿Qué le
dicen compañeros
de profesión y sus
alumnos sobre su
dedicación veraniega?
A alguno le habrá "picado el gusanillo"
de sumarse a esta iniciativa.
R.- La verdad es que muchos de los que se
enteran quieren acompañarnos el verano siguiente.
De hecho, hemos ido acompañados algunos
veranos con enfermeras y administrativas del
hospital. Algunos piensan que "cada uno puede
hacer lo que quiera en vacaciones, si les divierte
ir a jugarse la salud a África y trabajar más que en
invierno aquí, allá ellos". Otros valoran el esfuerzo
y dicen que les gustaría hacerlo pero no tienen
fuerzas para ello. Hay para todos los gustos, pero
la mayoría lo valoran en positivo.
P.- ¿Qué consejos le daría a un profesional
sociosanitario para ejercer un voluntariado
eficaz?
R.- Consejos pocos, pero algunas reflexiones
se pueden hacer: que se formara primero
en lo que va a hacer, para ser útil y hacer bien el voluntariado. Que fuera constante, que se
pensara antes de comprometerse a cumplir
un tiempo determinado en si puede hacerlo, y
que sea valiente y se lance a hacerlo. Que no
espere compensaciones inmediatas, sino que
lo haga gratuitamente, por el simple "gusto" de
ayudar a los demás, de ser útil a otras personas
que te necesitan. Que siga las reglas de la
organización con la que está colaborando, que
sea buen compañero/a con los otros voluntarios/
as y los coordinadores, etc. Le animaría a
encontrar momentos de silencio para reflexionar,
interiorizar, para no quemarse en el activismo y
evaluar la actividad periódicamente, haciendo
los cambios oportunos.
P.- La humanización de la salud pasa
por demostrar con hechos intenciones
como mejorar día a día, aprender, ayudar
y dedicarse a los demás. ¿Cómo la practica
usted? Y como rector de Universidad,
¿cómo la transmite?
R.- Intento practicarlo tratando de ser un
buen profesional, que es ser un buen médico
y un médico bueno. Estudiar e ir a congresos y
cursos y aprender para estar al día, tratar a los
enfermos como me gustaría me tratasen a mí:
con humanidad, trato exquisito y sensibilidad,
y con competencia científica y técnica. Como
rector que dirige una Universidad, hacerlo
como el servidor de la comunidad, poniendo
a los alumnos y profesores y personal de
administración y servicios en el vértice de
la pirámide y tratando de servirles para que
reciban la mejor docencia posible los alumnos
y que los profesores y PAS tengan los medios
adecuados para ello y para hacer la mejor
investigación y transferencia, así como cooperación.
Trato de hacer equipo respetando las
diferencias, siendo sensible y acogedor a las
ideas, iniciativas de otros y críticas, abierto a
que la Universidad sirva a las necesidades de
la sociedad, como pública que es, y trato de
dar ejemplo de buena gestión, siendo especialmente
cuidadoso en usar bien el dinero
público y no malgastarlo, dándole el máximo
rendimiento. Trato de que los demás se sientan
a gusto y protagonistas en su trabajo, etc.
Tengo muchos fallos y nunca "el jefe" lidera
al gusto de todos, especialmente si les exige
cumplimiento de sus compromisos contractuales
y tender a la excelencia profesional. Pero la
mayoría de la Universidad creo que reconoce
el trabajo y es comprensible con que no puede
arreglar todos los problemas de golpe ni darles
todos los medios que me piden.
P.- ¿Cómo participan sus cuatro hijos de
su forma de vida y trabajo? ¿Seguirán sus
pasos en el voluntariado?
R.- Mis cuatro hijos son admirables en
muchos aspectos y estoy muy orgulloso de
todos ellos. Continuamente me dan lecciones y
aprendo de ellos, siendo un acicate para mí para
mejora continua. Cada uno es independiente y
tiene sus propias ideas pero todos ellos son muy
sensibles con los débiles y hacen voluntariado.
Son críticos con la sociedad actual y luchan por
mejorarla. No hacen las mismas actividades que
hago yo o hace mi esposa, que son distintas a
las mías excepto en los veranos, pero hacen las
suyas, dedicando mucho tiempo a ellas.
Creo que la educación en principios y
valores es más por "imbibición" que por "teorización"
o conferencias. Por ello estoy contento
que sin que se les haya dicho nada, hagan
voluntariado y sean sensibles a ayudar a los
más necesitados.
P.- Imagine que su bisturí se convirtiera
en varita mágica: ¿Qué asignatura pendiente
en el voluntariado cubriría?
R.- Crearía un voluntariado para repensar,
hacer y aplicar la conversión del sistema económico
mundial en un sistema justo, equitativo,
sostenible, ético; de manera que no habría
países ricos y pobres, ni pobres dentro de los
países. Crear vasos comunicantes para compartir
la riqueza y la calidad de vida. Hay recursos
en este mundo para todos, pero están mal
repartidos y mal utilizados.
Daría formación completa: ética, humana y
técnica y profesional a todos los que no tienen
para que, con esta formación, desaparecieran
los fundamentalismos irracionales de todas
las religiones y grupos y así se acabarían las
guerras, el terrorismo y la pobreza.
Daría a conocer a Jesús de Nazaret tal
como nos lo muestran los Evangelios y trataría
de que las personas viviéramos como Él viviría
hoy en nuestro mundo. Abriría dentro de la
Iglesia canales oficiales para que la juventud
y las personas de buena fe pudieran conocer
a Jesús, quitando el polvo que con los años
hemos ido acumulando para quedarnos en lo
esencial.
Procuraría que la formación de los niños,
de los universitarios y de la sociedad en general
tuviera en cuenta los principios esenciales
transtemporales por humanos. Así, valorando,
entre muchas otras cosas, el esfuerzo, el
compromiso, la palabra dada, cultivando la
espiritualidad de toda persona, y ofreciendo un
mensaje evangélico -que quiere decir Buena
Noticia- auténtico y transmitido con el lenguaje
y los gestos y los medios del siglo XXI, seguro
que llegaría a muchas personas y obtendríamos
un mundo mejor, más feliz, con más
paz, ayudaríamos a las personas a encontrar
verdadero sentido a sus vidas y evitaríamos
lo que ya la OMS nos advierte, que la primera
enfermedad del mundo en veinte años será la
depresión.
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