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REPORTAJE
Información sanitaria y ética: papel de los medios de comunicación
Por Francisco Javier Rivas Flores
Médico y bioeticista.


Nuestra sociedad del siglo XXI se caracteriza por la información. Lo que está pasando en el polo opuesto de nuestro mundo se conoce casi al instante en cualquier zona geográfica. Los avances técnicos han permitido este acceso masivo a la información, así como la gran movilidad de la radio o la televisión, que pueden enviar sus reportajes vía satélite. Internet, nos permite estar conectados con personas de múltiples países o regiones... Nos movemos en el mundo globalizado de la información.

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No sólo se tiene acceso a noticias, sino que también se tiene acceso a información personal en la que en muchas ocasiones pueden estar presentes cuestiones de la esfera íntima personal como es la salud, vida sexual, etc. (según recoge en nuestro país la Ley Orgánica de Protección de Datos).

Cuando abrimos los periódicos o encendemos la TV o la radio, no es difícil encontrarnos dentro del ámbito sanitario con noticias genéricas o, en muchos casos, de acontecimientos personales. Analizaremos en este reportaje los elementos éticos que habrá que considerar en toda información sanitaria, tanto la que se ofrece en los medios de comunicación tradicionales como la que aparece en medios como Internet, a través de los buscadores específicos.

Objetivos de la información

Un primer punto para la reflexión: ¿Qué se entiende por informar? Según la Real Academia de la Lengua, nos dice que es "enterar, dar noticia de algo". Pero también tiene otra definición, que en esta ocasión no se nos antoja baladí: "Formar, perfeccionar a alguien por medio de la instrucción y buena crianza". Por tanto uno de los objetivos que tiene la información es dar noticia de los acontecimientos, permitir que las personas se enteren de lo que está sucediendo. A este respecto hemos tenido recientemente información como tal en el caso de la pandemia de gripe A, o anteriormente en el caso de las vaca locas, u otros similares. Estos casos pueden ser significativos de lo que supone el ejercicio de la información.

Se han presentado en algunos medios de comunicación de manera catastrofista, con tintes cuasi apocalípticos. Pero no todo es negativo, ya que también ha supuesto un magnífico ejercicio del segundo de los significados y que supone servir como vehículo de formación para adquirir hábitos que se pueden considerar saludables, que permitan evitar o prevenir la aparición de la enfermedad.

Información y sanidad

¿Qué se pretende con la información sanitaria? Una primera visión muy superficial parece indicar que lo que más interesa a la industria de la información es ser el primero en dar la noticia, aunque todavía no esté suficientemente contrastada, pecando en ocasiones de sensacionalismo, alejándose de la prudencia, que como virtud debe caracterizar la actuación de los sanitarios y de los informadores. Esta carrera puede suponer asistir a una maniobra de la confusión en la que participan también los sanitarios, algunos de los cuales se han convertido en estrellas mediáticas que aparecen en cualquier programa o medio para hablar de cualquier tema sanitario aunque no sea de su especialidad.

Frente a este aspecto, de alguna manera negativo, presenta otros aspectos positivos como son los recogidos en el libro "Consideraciones éticas en torno a la información sanitaria", elaborado por el Comité de Bioética de Cataluña, que indica que las finalidades de la información sanitaria es fomentar la promoción de hábitos saludables y la prevención de enfermedades; difundir informaciones epidemiológicas sobre situaciones que supongan un riesgo para la salud de la comunidad; informar sobre las prestaciones de los servicios y de los recursos sanitarios y divulgar los derechos y deberes de los ciudadanos hacia la salud.

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Necesidades del ciudadano

¿Qué esperan los ciudadanos de esta información? Algunos buscan ese elemento sensacionalista de penetrar en la intimidad de las personas (¿no tenemos la costumbre cuando nos encontramos en la sala de espera de algún centro sanitario de comentar sin pudor nuestras dolencias y las de otros más o menos cercanos?). Por tanto, si esta información nos la ofrecen escrita y con imágenes, pues mucho mejor. Pero la mayoría de las personas buscan en la información sanitaria elementos que les permitan tomar decisiones en el ámbito de su salud, de manera que leen con avidez, o visionan con esperanza programas en los que se habla de su dolencia y que pueden ofrecer algún remedio a su enfermedad.

El lenguaje de la comprensión

Para cumplir con estos objetivos es preciso que la información se transmita en un lenguaje adecuado al público al cual va destinada: redactarse con un lenguaje claro y preciso, reducir el número de términos científicos al mínimo y rehuir terminologías específicas que obstaculicen la comprensión por parte del ciudadano.

¿Qué requisitos podríamos por tanto exigir a la información sanitaria? Marina Geli, consejera de Sanidad del Gobierno Catalán, lo expresa con rotundidad en la presentación del libro ya enunciado: "El fin que se pretende es conseguir que la transparencia, la veracidad y la credibilidad sean los pilares que sostengan el principio de informar tal como querríamos ser informados". Para ello es necesario que haya un planteamiento ético específico que haga compatibles el derecho a recibir información de calidad con el respeto a la dignidad de las personas.

Principios que deben regir la información sanitaria

Como no podía ser menos en una cuestión de ética y de bioética, se parte de la premisa de la dignidad inherente a todo ser humano, lo que supone que nunca un ser humano puede ser tratado de manera irresponsable, ni puede ser manipulado o utilizado como un medio en beneficio de terceros, ya sean individuos, entidades jurídicas o colectivos sociales, como expresó Kant. Aquí se hace muy patente que el respeto por la dignidad de las personas supone una serie de acciones y no solo un enunciado teórico.

El comité de Bioética de Cataluña lo resume en los siguientes puntos:

. Garantizar por parte de todos los agentes implicados, y especialmente por los poderes públicos, el derecho de las personas a buscar, recibir y difundir las informaciones de calidad relacionadas con la salud y la atención sanitaria.

. Informar cuando se tenga constancia de que alguno de estos principios se vean v u l n e r a d o s (transgresión de los derechos de los ciudadanos con relación a la atención sanitaria; discriminación en la atención sanitaria por razón de género, estatus socioeconómico, etc.).

. No informar si se conculcan algunos derechos, sin que, por el contrario, sean previsibles beneficios considerables.

. No informar si la difusión dará lugar a comportamientos contraproducentes entre la población y no se derivará ningún beneficio. Es interesante en este punto detenernos en los principios que deben regir la información sanitaria, ya enumerados anteriormente: la transparencia, la veracidad y la credibilidad. La transparencia es una de las cualidades que confiere moralidad a los actos de las instituciones y de las personas. Los ciudadanos tienen derecho a conocer con los detalles suficientes las situaciones sanitarias que suponen un peligro o una amenaza para su vida. Y de manera recíproca, las organizaciones sanitarias tienen el deber de dar a conocer el problema sanitario surgido. Sin caer en la precipitación ni en la ligereza, la transparencia informativa exige una información rápida y amplia, y tiene que evitarse que la falta de información origine desconfianza en los medios de comunicación y en la opinión pública. La veracidad viene expresada por el principio de responsabilidad informativa, de manera que la información veraz no depende sólo de la exactitud con la que se transmite un dato sino también de la honestidad del profesional con respecto al público. Este principio puede concretarse así:

. No crear falsas expectativas, especialmente en sectores vulnerables de la población (supuestos brotes epidémicos, tratamientos revolucionarios todavía no contrastados...).

. No generar ni difundir mensajes que puedan perjudicar de manera innecesaria el estado emocional de un determinado colectivo o de toda la sociedad.

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. No secundar procesos comunicativos que escondan conflictos de intereses de los cuales se puedan derivar perjuicios para la salud.

Otro principio que se debe tener en cuenta es el principio de equidad informativa, lo que supone que en circunstancias similares la información tiene que tratar siempre de manera similar a todo el mundo, sean personas o instituciones, sin favorecer interesadamente ni perjudicar discriminatoriamente nunca a nadie.

Tener presente el principio de equidad quiere decir:

. Dar una auténtica igualdad de oportunidades a personas o instituciones que tengan opiniones o puntos de vista significativos, y facilitar el derecho de réplica a quienes estén en condiciones de aportarlos.

. Velar para que la información sobre los aspectos relacionados con los problemas de salud más prevalentes no vayan en detrimento u olvido de los que son infrecuentes o sufre poca gente.

. Garantizar una información equitativa en lo que concierne a la cuestión de género en las implicaciones y repercusiones de los problemas de salud. Igualmente es importante informar si existen diferencias en función de la edad o procedencia de las personas. Como he dicho antes no podemos olvidar la importancia y responsabilidad que tiene los profesionales sanitarios como informantes en los medios, y deben cumplir con más rigurosidad y escrupulosidad sus obligaciones de información en verdad, respetando la dignidad de la persona, con transparencia, sin olvidar que todos los sanitarios somos educadores en salud y, por tanto, nos compete ofrecer la información con el segundo criterio que ofrece la definición de la Academia de la Lengua: ser capaces de perfeccionar a las personas a través del conocimiento, de manera que ayudemos a los ciudadanos a fomentar hábitos saludables y a la vez no incrementen innecesariamente la medicalización de la vida.

Si consideramos que una información es ética o moral cuando humaniza a las personas e inmoral cuando deshumaniza, entendemos que para que la información cumpla con esta función humanizadora debe existir por parte de los agentes implicados una "responsabilidad profesional" con el fin de respetar los derechos de los usuarios, especialmente el de la dignidad personal.

Responsabilidad en Internet

Según estudios recientemente publicados, uno de cada seis españoles consulta Internet antes o después de una consulta médica. De cara a la información que proviene de Internet, debe cumplir con los mismos criterios éticos que los reseñados para los medios de información general, pero dada la proliferación de páginas Web de contenido sanitario ésta se ha impuesto un código ético como el promovido por algunos servidores como Medscape para el autocontrol de la publicidad e información sanitaria.

El Código de Conducta para Sitios Web de Salud y Medicina de la Health On The Net Foundation (Fundación de la Salud en la Red) conocido como HON code, establece varios principios: franqueza, honestidad, calidad, consentimiento informado, intimidad, profesionalidad en la atención sanitaria a través de Internet y responsabilidad. De esta forma pretende en su portal que la información Web sea el resultado de un cuidadoso análisis y tenga un reconocimiento profesional que la avale; a menos que una declaración exprese lo contrario, para evitar una publicidad encubierta.

Por otro lado la información proporcionada debe estar dirigida a complementar, no a reemplazar, la relación que existe entre un paciente y su médico actual. Se considera indispensable respetar la confidencialidad de los datos relativos a los usuarios incluyendo la identidad personal.

Dada la interrelación entre ética y calidad ética, deben tenerse presentes criterios de evolución que aseguren los niveles de seguridad y eficacia de la información encontrada en Internet. Para llevar a cabo esta evaluación se tendrán en cuenta el autor, el texto encontrado, el contexto del trabajo y las fuentes, su filiación a la red y la actualidad de la información; junto a otros factores como conflictos de intereses, origen de los fondos, etc.

Conclusión

En conclusión, podemos decir que la información, tanto en los medios generales como en Internet, debe promocionar el derecho a la información sin dejar de lado otros derechos de las personas; debe ser capaz de informar, educar, prevenir y mejorar la actividad asistencial. Por parte de los informadores se debe actuar con responsabilidad ética, siendo objetiva, independiente y fiel a la realidad. Sin olvidar salvaguardar los principios éticos.

La ventaja de Internet en la relación sanitaria es indudable por lo que el médico deberá compartir con el paciente el proceso de utilizar la información con soporte electrónico, pero no se puede olvidar el papel instrumental que tiene la mirada y el contacto en la relación sanitario-paciente, por lo que no puede renunciar al valor humano que supone la transmisión de la información de forma cercana y acorde a las características del paciente.

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