El Centro San Camilo retoma el Día R para cuidar lo espiritual

Jornada de retiro, reflexión, relación y resurrección para los trabajadores

 

Hace un año esta habitual cita del Centro de Humanización de la Salud se vio bruscamente aplazada por la irrupción de la pandemia. Doce meses después, su celebración es un signo de esperanza, de ganas de volver a recuperar poco a poco el ritmo cotidiano en el caminar hacia lo saludable. Siempre adaptados a las circunstancias y con la vocación de cuidar y enseñar a cuidar, lema de su misión camiliana.

El Día R, es la jornada dedicada al retiro espiritual. Un espacio de reunión para conjugar dos verbos: Humanizar y Disfrutar, a través de la naturaleza, la cultura, la relación y la religión. Como destacó al inicio su director general, José Carlos Bermejo: “no cultivar lo espiritual es deshumanizarse” en una invitación al conjunto de promover lo común. 

En esta línea se dedicó un tiempo libre para el paseo entre las encinas del monte de El Pardo, al recogimiento individual o al acompañamiento. Después tuvo lugar el seminario “Salud y Resurrección” que impartió virtualmente el teólogo, filósofo y profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, Xabier Pikaza. 

Una conferencia centrada en curar la vida a través de los cuidados y humanizar la muerte a través de la despedida y la memoria de los fallecidos, lo que calificó de “experiencia de resurrección”. Destacó que un signo de salud es saber morir, agradeciendo la vida y compartiéndola: “solo quien acepta la muerte vive feliz y se puede convertir en esperanza, lo único que permanece es el amor que nos damos unos a otros”.

Para Pikaza acompañar en la muerte es una gracia de Dios, en lo que debemos ser “profesionales”. De la misma manera que la sociedad acoge a los que nacen y acompaña a los que viven, debe despedir a los que mueren. “Porque toda sociedad que no cuida la despedida está condenada a desaparecer” señaló en una ponencia que puede leerse en su blog de Religión Digital.

Finalmente, en el contexto de la Semana Santa y marcado por todas las experiencias vividas en el último año, este encuentro también pretendía sanar a través del recuerdo y el rito. Así, en la eucaristía final tuvo lugar un emotivo momento donde libremente fluyeron los nombres de aquellas personas que ya no están y forman parte de los resucitados en la fe cristiana. 

Un día de retiro, reflexión, relación y de profundo agradecimiento a la vida, y a cuantos la precedieron y nos acompañan.